Eleonora Gaydou | Entre relatos

El Click de la Inspiración

Eleonora Gaydou

Teo era un inventor apasionado, no hacía grandes inventos, es decir, no inventó el tren, ni un cohete espacial para ir a la luna, Él inventaba cosas más, como decirlo… normales. Inventos cotidianos que ayudaran en el día a día. Teo creía que lo importante en el mundo eran las cosas simples, por ello buscaba cómo facilitar el día cotidiano de las personas. Tampoco deseaba hacerse famoso o rico, se contentaba con que las personas de su entorno pudieran usar sus pequeños inventos.

¿Cuáles eran los inventos que había creado hasta ahora? Creó una máquina para sacarle lo quemado a las tostadas y que las migas no se desperdigaran por toda la cocina, también una máquina para inflar globos y atarlos juntos para crear diferentes decoraciones para fiestas. Otro de sus inventos, de los que más le gustaba, era un aparato que le untaba mantequilla o cualquier otra cosa a una tostada. 

Hacía tiempo que Teo estaba estancado en uno de sus inventos, así que decidió salir a dar una vuelta para despejarse. Colgó su delantal de trabajo en el gancho de la entrada, cogió su abrigo y salió a la calle. Cerró la puerta de madera maciza de su taller y comenzó a caminar mientras se cerraba el abrigo. Hacía frío aunque recién comenzaba el otoño. Las hojas amarillas de los árboles caían despacio y se amontonaban en el cordón de la vereda. Hoy por suerte no había viento. Se acomodó la boina y apresuró el paso. 

Paso por enfrente de un pequeño café en el centro de la ciudad, un lugar con mesas pequeñas, paredes de madera y olor a café recién molido. Pensó que sentarse en la terraza a saborear un café solo, pero descartó la idea, necesitaba encontrar inspiración y la última vez que había estado sentado allí no se le había ocurrido ninguna solución para su invento. 

Cruzó la calle, dobló en la siguiente esquina a la izquierda sin prestar mucha atención a donde estaba yendo y sin darse cuenta terminó en una plaza con grandes árboles y una fuente en medio. Para su sorpresa había más gente de lo normal. No sabía muy bien que estaba pasando en aquella plaza y sintió curiosidad. Se acercó a mirar por arriba de los hombros de las personas que estaban allí congregadas. Pudo ver unas estatuas de lo más extrañas, hechas a partir de partes de coches. No tenían ningún aspecto concreto que pudiera identificar desde donde estaba. Le pregunto a una señora de mediana edad y bien vestida que eran esas cosas. La señora lo miró altaneramente y le dijo con desdén que era la exhibición de arte moderno de Joanne Fritz, una artista muy reconocida, como si fuera algo que él tuviera que saber. Cuando pudo acercarse a una de las esculturas comenzó a ver las diferentes piezas del motor y de la estructura del coche, todas unidas para dar forma a algo, no pudo descubrir bien qué era esa figura pero lo invadió una emoción. Sintió alegría. No pudo explicar porqué ni cómo surgió esa emoción en él, pero era lo que esa escultura le hacía sentir. 

Sonrió y comenzó a mirar la escultura más detenidamente. De pronto algo hizo click en su cerebro y como por arte de magia descubrió que era lo que no estaba funcionando en su nuevo invento. Sacó su libreta del bolsillo y se dispuso a escribir rápidamente para que la idea no se desvaneciera en sus pensamientos. Ya le había pasado varias veces y luego le era imposible darle forma nuevamente a la idea, solo le quedaba la vaga imagen de lo que había pensado pero no podía concretarla, no podía hacerla sólida.

Mientras escribía alguien que pasaba le golpeó el hombro y el bolígrafo salió disparado. Fue a parar a los pies de un grupo de personas que escuchaban atentamente a alguien que estaba explicando algo. Se agachó para intentar recuperarlo manteniendo la idea en su mente. Un zapato de vestir casi le pisa la mano, una zapatilla pisó el bolígrafo y luego lo pateó, haciendo que se alejara a una distancia donde no podía alcanzarlo. Agachado, casi gateando por el suelo de la plaza lleno de hojas secas consiguió agarrar su bolígrafo. Cuando se levantó e intentó volver a escribir la idea esta se había desvanecido. Maldijo y cerró con fuerza la libreta. Ya estaba otra vez en el mismo lugar.

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Maximiliano
Maximiliano
18 days ago

Buenísimo, me sentí muy identificado!

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